La violencia se sale de control

Lo que queda de la Liga, o sea la Brigada Roja empieza a cometer acciones cada vez más violentas. El 26 de Abril de 75 asaltaron un banco ubicado en Acoxpa y Miramontes en Villa Coapa, dejando 11 asesinados a su paso. La persecución es espectacular. 38 patrullas y 2 helicópteros. Durante la acción y la fuga la 23 ajusticia a 8 policías, 3 más son heridos, 3 civiles caen en fuego cruzado y 4 más caen en fuego cruzado. Una mujer y un hombre guerrilleros son tiroteados en las piernas para impedirles la huida. Se les niega la atención médica hasta que escupan información valiosa. El Universal publica a página entera un álbum con fotos de 15 guerrilleros aun en la clandestinidad. El 7 de junio caen 7 militantes. Mariano y Teresa fueron asesinados con el tiro de gracia en CU. El 12 de agosto, en una acción de “recuperación” de armas tirotean a 3 policías y 3 inspectores en el mercado Ignacio Zaragoza.

La multicitada apertura política de Echeverría que da en entredicho frente a los comicios. El PRI es el único partido con registro que postula candidato: José López Portillo. Su candidatura es apoyada por el Partido Popular Socialista y por el PARM. El PAN vivía una crisis y no designó candidato. Sólo el Partido Comunista, aun sin registro oficial, postuló a Valentín Campa, el viejo luchador sindicalista y figura emblemática del movimiento ferrocarrilero, preso por más de una década y con 72 años de edad.

La Liga centra su atención en un ambicioso proyecto para reforzar su menguada estructura: el rescate de militantes recluidos en diferentes prisiones del país y en el campo militar número uno. En la mira está el antiguo penal de Oblatos en Guadalajara, ahí están recluidos más de 40 presos de la 23, las FRAP y UP, en la sección de máxima peligrosidad conocida como El rastro.
Participan tres comandos: el primero compuesto por seis prisioneros sería el encargado de raspar un boquete de 40 cm. de circunferencia, para por ahí penetrar a una torre. Cómo sus celdas estaban en el segundo piso, ya dentro de la torre deberían saltar a la planta baja para llegar a la escalera de caracol que los llevaría a la azotea donde tendrían que neutralizar a dos guardias que desde ahí resguardaban. Tardaron dos meses en hacer el hueco con un desarmador. La herramienta y las pistolas habían sido introducidas clandestinamente. La fuga se programó para el 22 de enero de 1976 a las 19:19 pm, en sincronía con Radio Ranchito. Ni un minuto más, ni un minuto menos… El segundo comando se dividiría en dos, una pareja estaría besándose en la contraesquina de la torre para distraer al custodio de la calle 58. Los demás atacarían al guardia de la puerta armado con una metralleta de tripié y a los celadores que acostumbraban comer en la taquería de esa calle. Mientras tanto el tercer comando, lejos, en la carretera de Tlaquepaque a Chapala, tomaría por asalto la subestación eléctrica, para que a las 19:19 se provocara un apagón que posibilitara la huida… “A las 7:10 luego de quitar el último ladrillo empieza a pasar la raza por el agujero, los más delgados primero. Faltabamos dos Michel y yo. A las 7:16 todos vamos subiendo las escaleras de la torre, despacito, sin hacer ruido. Llegamos a la azotea y teníamos a los custodios como a tres metros. A las 7:18 ya estábamos los seis listos. No se había detectado la ausencia de presos. A las 7:19 se va la luz. Agarramos un encendedor y dimos la señal. En eso los compañeros externos empiezan a atacar a los custodios de la taquería y al de la metralleta, mientras nosotros atacamos a los de la torre. La única luz es la de la luna. Todo mundo se asusta. Brincamos a la calle y hay una camioneta esperándonos. Todos ilesos. A las 7:25 ya estamos dispersos. A las 9 de la noche seguía el apagón.
El saldo es de tres celadores muertos, uno herido y seis prófugos.

La violencia se sale de control. El día del aniversario de las ejecuciones de Teresa y Mariano en CU, un comando con una mujer que llevaba oculta una metralleta debajo de un rebozo, a modo de un bebé cargado en brazos, balea una caseta de la policía auxiliar en Ciudad Azteca. El saldo es de seis policías muertos. Días después ametrallan a nueve policías que desayunaban en un restaurante de la colonia Lindavista. La Prensa tituló a ocho columnas “Masacre terrorista”. Comenzaron a secuestrar a mujeres familiares de hombres encumbrados: Nadine Chaval de 16 años hija del embajador de Bélgica, 10 millones, Socorro Soberón Chávez hija del rector de la UNAM…

De pronto el presidente Echeverría envió una iniciativa de Ley de Amnistía al Congreso de la Unión. La propuesta beneficiaría a todas las personas contra quienes se había ejercitado acción penal por los delitos de sedición, invitación a la rebelión, resistencia a particulares y conexos, cometidos durante el movimiento de 1968. José Revueltas, Florencio Osuna, Raúl Álvarez Garín, Roberto Escudero, Roberta Avendaño, Pablo Gómez y Eduardo Valle el buho a nombre de más de 40 activistas del 68 rechazan la Ley de Amnistía por considerarla “parcial, insuficiente y tardía”. Pero la posibilidad de una amnistía para quienes habían pertenecido en grupos subversivos, sigue en el aire a pesar de la indignación generalizada por los ataques de la Liga a los policías.

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