El Asalto al Cielo

A pesar del hostigamiento la liga, se preparaba para tomar por asalto el cielo en Sinaloa…
Todo comenzó en las primeras horas del 16 de enero de 1974, cuando brigadas de jóvenes armados arribaron impetuosas a diversos puntos de la capital y del campo sinaloense. La 23 había querido irse a la grande, calar su potencial y hacer una demostración de fuerza. El objetivo: Educar a las masas en la acción armada, lanzar una ofensiva táctico estratégica para desgastar al estado burgués y foguear fuerzas para nuevas acciones.
Salvador Corral, Roberto, fue el coordinador general. En la zona rural pretendía detener la producción y las labores agrícolas para realizar una campaña de agitación y propaganda. En Culiacán tomarían el centro de la ciudad, provocarían combates de calle, recuperarían armamento y harían expropiaciones en los bancos. El operativo fue bautizado Asalto al cielo, parafraseando a Marx cuando escribió sobre la comuna de París.
En la ciudad hubo refriegas contra policías, las brigadas lograban desarmar a algunos de éstos y en el campo miles de obreros agrícolas hicieron paro en demanda de aumento salarial… “Además, los de trabajo obrero logramos insurreccionar a los del Infonavit: junto con ellos tomamos camionetas y carros de volteo de la secretaría de obras públicas y de contratistas; en ellos nos dirigimos a  la cervecería Cuauhtemoc y desarmamos a la guardia; de allí fuimos al puente federal y lo expropiamos, después fuimos a la SARH. Eran 70 u 80 obreros los que andaban en las acciones con nosotros, se lanzaron masivamente a la recuperación de armas (siete rifles y dos pistolas), sorprendiendo a los guardias porque llegamos en carros de la SOP.
El grupo de jóvenes y obreros en pleno frenesí se dirigían rumbo al centro de Culiacán cuando Guadalupe Yánez Ocaña, la voz de mando de la brigada, dio una súbita contraorden a Andrés Ayala Nevárez, responsable de las acciones políticas: no irían al centro de la ciudad.
A un lado de la antigua caseta de cobro de Culiacán, Guadalupe me esperó para explicarme la orden de regreso –dice Ayala Nevárez–. En medio de la locura, el sentido común de Guadalupe llamaba a evitar una masacre. El ejército empezaba a entrar en Culiacán. Los helicópteros de reconocimiento ya nos tenían ubicados. Guadalupe proponía una retirada ordenada y dejaba para mi la decisión. Lo amenacé con la pistola, mantuvo la serenidad y entereza. Segundos después, juntos encabezamos la retirada. Éramos conscientes de que estábamos alterando los planes…
Tiempo después cuando Guadalupe Yánes y Andrés Ayala fueron encarcelados y recibieron en la carcel un documento de la 23 donde se les tachaba de “oportunistas, cuando no policías” por no haber cumplido con el plan original..
El saldo según Excelsior fue de 4 muertos: dos estudiantes, un velador y un policía municipal. Al día siguiente el ejercito patrullaba la ciudad. En el senado se exigió la desaparición de poderes. Intelectuales de derecha y de izquierda arremetieron contra la Liga.
La venganza por la ejecución del empresario Aranguren, recayó en Salvador Corral coordinador de el Asalto al cielo, y en Ignacio Olivares, Sebas, ambos fueron detenidos y sus cadáveres aparecieron destrozados el 7 de febrero de 1974. Múltiples hematomas, huesos rotos, clavos de viga en las rodillas y en los hombros, la quijada quebrada y la masa encefálica expuesta.
La campaña de aniquilamiento sembró la intriga al interior de la 23. Aquel compañero podía pecar de “pequeño burgues” por su forma de vestir, porque usaba reloj, porque no estudiaba con disciplina. Y de ahí a pensar que ésta o aquel podían colaborar con la policía porque llegaban tarde a las reuniones o porque habían sido liberados rápidamente, hubo solo un paso. La Liga había sido fracturada.
Su líder, Salas Obregón, endureció su postura y responsabilizó a los integrantes del buró militar de los fracasos. A través del documento “Lucha a muerte contra el oportunismo” denunció que en el seno de la orga había oportunistas, que en la terminología marxista se refiere a “lugartenientes burgueses en el seno del movimiento obrero” es decir, traidores. En el documento urgió a la corriente revolucionaria a realizar una purga. Hubo expulsiones, deslindes, rompimientos y ejecuciones internas.
Pero sin lugar a dudas el tiro de gracia del proyecto inicial de La Liga fue la desaparición de Salas Obregón. Según la nota de Excelsior después de un tiroteo entre patrulleros de Tlanepantla y presuntos guerrilleros, dos policías realizaban una ronda nocturna, cuando en las calles de Morelia y Puebla vieron un Dodge Dart estacionado con un individuo adentro, que se agachó cuando pasaron. Uno de los policías se acercó, el hombre bajó del auto y empezó la balacera. Los tres quedaron heridos de gravedad. Lo detuvieron y dos miembros de la Liga encarcelados, lo identificaron. Lo hicieron con la finalidad de que al atestiguar que estaba vivo, así fuera presentado a la opinión pública. Pero esto no ocurrió. El brillante ex discípulo de la compañía de Jesús, considerado como el más importante líder guerrillero urbano, a quien se responsabiliza de haber dado el giro justiciero a la 23, fue trasladado al Campo Militar Número Uno, nunca más se supo de él.
La 23 quedó descabezada, no había dirección, hubo desbandada, dispersión, desorden. Hubo una reunión para tratar de cerrar filas. Casi terminó en masacre.

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