Arde Guerrero II

En Guerrero se establecen quince nuevas partidas militares. Lucio decide que ya es tiempo de un ataque frontal. En septiembre su organización embosca a una partida militar en Puerto de Gallo en la que caen once soldados. Será la primera de cuatro emboscadas exitosas que provocarán la furia castrense. A partir de este mes todo se precipita. Se multiplican los grupos armados urbanos que realizan secuestros y asaltos en varias partes del país, con diferentes nombres y proyectos políticos, y la reacción del gobierno es más cruenta. Las detenciones masivas de personas inocentes proliferan en Guerrero y dejará una estela de desapariciones cuya cifra exacta nunca podrá saberse. Son recluidos y torturados en el Campo Militar Numero Uno. Genaro teme por la vida de su familia e inicia los trámites para conseguirles asilo en Cuba. Así prevenía la reacción que podía desatarse en su contra tras ejecutar la máxima acción de la ACNR: el secuestro del rector de la Universidad Autónoma de Guerrero, Jaime Castrejón Diez, para exigir la liberación de guerrilleros y frenar la violencia en su estado.

El 26 de noviembre habían sido dadas a conocer las exigencias de la ACNR a través de un comunicado leído por Jacobo Zabludowsky en el programa 24 horas. Exigían la liberación de miembros de la ACNR detenidos en diferentes acciones; así como la de catorce guerrerenses detenidos y torturados en cuarteles militares bajo la falsa acusación de pertenecer a la ACNR.
La segunda condición era que el rescate de dos millones y medio de pesos fuera entregado a la persona designada por el detenido. Un día después del secuestro, las demandas han sido cumplidas. La Secretaría de Relaciones Exteriores solicita al gobierno de Cuba recibir en su territorio a los referidos. Por primera vez en la historia del país, un grupo guerrillero obligaba al gobierno a liberar a presos políticos para enviarlos a un destino en el exterior. El primero de diciembre es liberado el doctor Castrejón Diez.

El licenciado Rojo Coronado agotaba todas las instancias ante la embajada cubana para lograr que la familia Vázquez fuera aislada en Cuba. No lo logra. El 26 de enero Consuelo es secuestrada junto con su hija y tres amigos de la familia. Son trasladados al Campo Militar Numero Uno, pero la rápida intervención del abogado logra que un juez dé curso a una demanda de amparo y las víctimas son liberadas tres días después. Consuelo es entrevistada por el Excelsior, luce demacrada, se ahonda el temor en su mirada. A pregunta expresa, niega que tenga posibilidades de volver a ver vivo a Genaro. En parte por razones de seguridad, o como presentimiento profundo. El 2 de febrero, el mismo día en que se publica la entrevista a Consuelo, el diario vespertino El Universal Gráfico difunde en exclusiva y a ocho columnas, la muerte de Genaro en un accidente automovilístico en la carretera México-Michoacán. Según la versión oficial, Genaro moría en el lugar de los hechos a causa de las lesiones del accidente. Sin embargo, sus acompañantes aseguran que había quedado vivo, “como noqueado”. Su cadáver es entregado limpio de sangre a Consuelo, pero con una marca que revelaba un golpe en el cráneo. La inesperada muerte de Genaro da el golpe mortal a la ACNR. Las reacciones surgen por doquier mientras las detenciones continúan en guerrero.
Tras la muerte de Genaro, Lucio resuelve realizar un segundo secuestro. El 14 de marzo de 1972 secuestran con éxito a Cuauhtémoc García Terán, hijo de un agioista, rico cafetalero y coprero. Para liberarlo exigen tres millones de pesos, la impresión de cien mil volantes de propaganda y la difusión del ideario del PDLP. Como respuesta al día siguiente los soldados capturan a su tío Luis y a su primo J. Isabel Cabañas. El PDLP recibe medio millón de pesos en efectivo y documentos de adeudo de campesinos por otro millón más. Una semana después García Terán es liberado.
El PDLP logra conformar una gran base social. Su expresión militar, la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, llega a integrarse preponderantemente por campesinos, entre los cuales hay una veintena de mujeres. El activismo estudiantil, magisterial y comunista de Lucio crea una extensa red social urbana, de carácter laxo, que integra a estudiantes, maestros, miembros de movimientos de colonias populares, así como a a obreros y trabajadores.

La organización realiza su primera asamblea y Cabañas es reelegido por mayoría como el responsable político y militar de la organización. En la asamblea participan dos lugartenientes de Lucio que habían logrado fugarse luego de ser encarcelados: Carlos Ceballos y Carmelo Cortés.
El 23 de agosto habían provocado el mayor golpe público contra el ejército, pues habían caído dieciocho soldados muertos y dieciséis más heridos. La Defensa incrementa el número de elementos que peinan la zona. El 9 de septiembre el ejército informa que ha aprendido a setenta y nueve personas. Unos días después, la cifra aumentó a 109, muy por debajo de la verdadera. Tan solo en la comunidad de el Quemado son detenidos ciento seis campesinos.

Quienes también buscan contacto con la guerrilla rural son los jóvenes urbanos de grupos en formación, pues la campaña antiguerrillera que se extendía en el país había acrecentado el interés de organizaciones urbanas por hacer un frente único de lucha. Desde 1969 el chihuahuense Jacobo Gamiz, hermano del ya legendario Arturo, se había integrado al PDLP luego de que su grupo, el Movimiento 23 de Septiembre, fuera desarticulado. Luego sumó a sus dos hermanas, Amalia y María Dolores. Dos años después, Carlos Ceballos, un joven bronco de una guerrilla de Baja California y Chihuahua conocida como los Guajiros, también se unió al PDLP con éxito.

Después del llamado “invierno trágico” en el que habían sido sofocados varios núcleos guerrilleros en las ciudades, jóvenes de diferentes estados conformaron tres incipientes vertientes que darán vida a las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP), Unión del Pueblo (UP) y la Liga Comunista 23 de Septiembre. Postulaban que era indispensable comprender la existencia de las clases sociales, y que no eran los campesinos, sino el proletariado el sujeto revolucionario que derrocaría al Estado burgués.

En octubre y noviembre de 1972 una calma espesa se derrama en la sierra. Cesan momentáneamente las detenciones. Parece como si la región estuviera en el ojo del huracán. Mientras en Guerrero el flamante rector de la Universidad Autónoma del estado, Rosalío Wences Reza, echaba a andar un modelo de universidad alternativa y popular que detonará el activismo y la radicalización de sectores del estudiantado.

A principios de 1973 Lucio deja la sierra por varios meses. Viaja a la ciudad de México, recorre diversos estados de la República para ampliar su red de apoyo y también para tratarse de unos intensos dolores de cabeza que a veces lo dejaban postrado en la cama. Durante su viaje, Lucio había dejado el PDLP en manos de uno de sus lugartenientes de más confianza, Carmelo Cortés. Para cuando Lucio regresa encuentra un escenario muy distinto al que dejó. En marzo de 1973 –mes de la fundación de la Liga Comunista 23 de septiembre en Guadalajara y de la colonia Ruben Jaramillo por parte del Güero Medrano en Morelos-, Carmelo había comandado el secuestro de Francisco Sánchez López, Chico, a quien se acusaba como uno de los responsables de la matanza de Atoyac. Había exigido un rescate de dos millones y medio de pesos que la familia no entregó, y el 18 de abril apareció el cadáver, bocabajo, con cuatro impactos de bala. Cabañas se pone fúrico. Cuestiona severamente a Carmelo Cortés por la ejecución de Chico Sánchez, reclama a la brigada visitante tergiversar sus planteamientos político-militares y la expulsa del campamento un mes después. La acusa de ultraizquierdista, traidora, dogmática y militarista.

A Carmelo le dan una nueva oportunidad.

A fines de 1973 el PDLP ha alcanzado su máximo grado de afianzamiento. Su estrategia de “hacerse pueblo” lo ha hecho sobrevivir y consolidarse en medio de la intensa campaña en su contra. Para éste momento el PDLP tiene a un centenar de combatientes armados y a otro centenar en tareas de enlace, vigilancia y logística. Cierran el año con otra emboscada, cerca del poblado de Yerba Santita, con un saldo de cinco militares muertos. También asalta Inmecafé. Luego la guerrilla se repliega a Coyuca de Benitez y Chilpancingo para dirigirse a Atoyac. El primer día de 1974 augura el ataque inmisericorde contra este territorio. Ese día, más de ciento treinta y cuatro personas, entre éstas dieciséis mujeres, son llevadas por la fuerza de distintos lugares de la sierra de Atoyac. De la mayoría nunca se vuelve a saber. El primer trimestre del año es intenso para Lucio. Mientras tanto, Carmelo Cortés se escinde y crea las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
A principios del mes de mayo el PRI postula al senador Rubén Figueroa como candidato a la gubernatura de Guerrero. El hombre de rasgos recios y hombros estrechos clavados en un cuerpo de abdomen abultado, hacía realidad su vieja ambición. En el Universal lanza la toalla al ofrecer una amnistía para el líder guerrillero si concreta una entrevista con él. La primera reacción de Lucio es el rechazo a entrevistarse con Figueroa, pero la dirección del PDLP reconsidera y fragua el secuestro del influyente político para ver cumplidas algunas de sus demandas. La principal es la liberación de las mujeres y hombres presos acusados de pertenecer a diversos grupos armados del país. En una misiva del 9 de mayo de 1974 Lucio explica las condiciones del encuentro. La fecha es el 25 de ese mes; las fuerzas del gobierno debían retirarse de la zona ocho días antes de la entrevista; el senador viajaría en camioneta o coche con dos moños rojos a manera de contraseña; a las ocho de la mañana debería llegar al poblado de la Y Griega para avanzar media hora rumbo a Atoyac hasta que alguien le hiciera una señal; como máximo el senador llevaría cuatro acompañantes. Figueroa no consigue el retiro del ejército pero aún así la entrevista se realiza el 30 de mayo. El candidato llega con su secretaria Gloria Brito, su sobrino Febronio Díaz y sus dos enlaces, los dos tíos de Lucio. De pronto un guerrillero sale de la maleza y, seguido de un comando, los conduce por una hora a la orilla de un riachuelo. Se detienen. La espera impacienta a Figueroa. De pronto, el senador tiene ante sí a Lucio. Tras una breve charla el guerrillero se despide. “Bueno, a descansar, que tenemos invitados ilustres”. Al día siguiente Figueroa y Lucio entablan un diálogo ríspido. En éste Figueroa defiende a ultranza al ejército y Lucio, indignado, le cuenta que los militares violaron a una sobrina suya de diez años de edad. El legislador cambia el espinoso tema y le ofrece la posibilidad de liberar a integrantes del PDLP encarcelados; le ofrece trabajo y la posibilidad de continuar la lucha en la ciudad dentro de los marcos legales. Lucio se niega. Lucio rechaza todas las propuestas y le informa al candidato que los mantendrán en cautiverio hasta que sean liberados las presas y presos políticos el país.

Llega el día de la toma de protesta del candidato a gobernador y se hace en ausencia de Figueroa. Al gobierno ya no le queda duda de que ha sido secuestrado. Califica el hecho como un acto “felón, criminal y cobarde”. Es hasta el 25 de junio cuando se difunde el comunicado con las exigencias del PDLP. Se pide al gobierno federal la entrega de las y los presos políticos; cincuenta millones de pesos; cien armas calibre M-1, cincuenta pistolas Browning 9 milímetros; difusión en todo el país de discursos y corridos grabados en voces de militantes del PDLP; solución a los problemas de estudiantes de escuelas rurales y de las obreras de “Medalla de oro” de Monterrey; la posesión legal de todas las tierras invadidas por campesinos a quienes debería otorgarse crédito; que las instalaciones y bienes de Inmecafé pasen a manos de los ejidatarios y las compañías talamontes se expropien a favor de ejidatarios y obreros. El gobierno rechaza negociar. Se habla de más de dieciocho mil soldados peinando la zona. Todas las vías de acceso están bajo control militar y hay cincuenta puntos de control estratégicos. El cerco provoca que los guerrilleros y sus rehenes carezcan de alimentos por varios días.

La situación en Guerrero se agudiza severamente por una acción que sacude al país con estrépito. El 29 de agosto las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo secuestran a José Guadalupe Zuno, veterano político jalisciense, ex gobernador de esa entidad y ni más ni menos que suegro del presidente Echeverría, en la ciudad de Guadalajara. Un día después las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Carmelo Cortés, secuestran a Margarita Saad, millonaria hotelera de Acapulco. Los mandos castrenses son ajustados. En Guerrero la estrategia contrainsurgente se centra en detener mayoritariamente a los hombres, pero también detienen a las mujeres. Las acciones son más cruentas; los militares ejecutan lo que llaman “tierra limpia” porque arrasan con todo lo que indique que hay un asentamiento humano. Se llevan a las personas en helicópteros. Algunas son trasladadas a cárceles clandestinas, otras son abandonadas en parajes lejanos y otras más, ejecutadas y lanzadas, como bultos, en altamar.

La mañana del 8 de septiembre un estruendo rasga el silencio serrano, provoca confusión, temor en la brigada guerrillera. Granadas de mortero estallan aquí y allá en el campamento provisional y algunos huyen en desbandada. Figueroa corre al encuentro del ejército. Después de ciento dos días de cautiverio, Rubén Figueroa, más delgado, pulcro, con el orgullo dolido, regresa a su escaño en el Senado de la República.

Días después, la madrugada del 1 de octubre, doscientos cincuenta efectivos de tres batallones irrumpen violentamente en la totalidad de las viviendas. El 11 de octubre, el mayor José Domingo Ramírez embosca a Cabañas por Tecpan de Galeana. El guerrillero logra escapar. Busca en Los Corales a inconformes con el gobierno que le sirvan de guía. Ignoraba que un comando de cinco militares vestidos de civil indagaban la zona. Ahí le servía de guía uno de estos sembradores, Jose Isabel Ramos Ruiz, Chabelo, hasta que la batida general de los militares da con él, secuestra a su hija y a cuatro muchachas más de su grupo, y amenaza con violarlas y asesinarlas. El hombre lo entrega. El 27 de noviembre Cabañas da a conocer su último parte militar en el que informa de sus acciones finales y añade: “Están matando al pueblo! Contestemos con la guerra! Venguemos la sangre de nuestros compañeros campesinos! Formemos grupos guerrilleros en toda la República! Que nadie vote por el PRI! Que nadie vote por Figueroa! ”.

El ya no sabrá que su mujer, Isabel Ayala, dos meses antes ha dado a luz a una niña que recibió el nombre de Micaela. Tampoco supo que ella y su madre habían sido secuestradas y llevadas al Campo Militar Numero Uno.
A la mañana siguiente un grupo de soldados cercan el lugar.

“Hasta que se les hizo, pero les aseguro que no les voy a dar el gusto de que me maten ustedes”, Lucio coloca su M-2 en el cuello y acciona el gatillo. La bala mortal le perfora la mejilla derecha, destroza el bulbo raquídeo y se aloja en la faringe.

El año de la muerte de Cabañas es en el que se ejecuta el mayor número de desapariciones forzadas en el país. La mayoría en la Sierra de Atoyac. Prácticamente todos sus habitantes tienen algún familiar desaparecido. Dan a México el indigno honor de ser precursor de lo llamados “vuelos mortales” que luego serán practicados en las dictaduras latinoamericanas para desaparecer a disidentes políticos en altamar.

A fines de 1974 Monroy Candia había sido destacado en la base aérea de Pie de la Cuesta; narra la primera ocasión en la que el mayor Acosta Chaparro y el coronel Quirós Hermosillo van a la base militar a instruir cómo se debían hacer las ejecuciones de la gente detenida ahí de manera ilegal:

“La persona era sacada de un cuartito que estaba dentro de la base aérea, a unos veinte o treinta metros de donde los ejecutaban, vendada de los ojos y la sentaban en un banquito, y de ahí alguien se le acercaba por detrás y le daba un balazo en la nuca. A mí me tocó darme cuenta la primera ocasión cuando mi general Quirós Hermosillo disparo a varias gentes, me acuerdo bien, cuando lo tenía cerca, lo vi con la camiseta llena de sangre.”

En su testimonio ministerial Monroy Candia refiere haber asistido en persona a unos quince viajes, con intervalos de quince días a dos meses, en los que atestigua que son arrojadas al mar abierto de ciento veinte a ciento cincuenta personas, la gran mayoría adultos del sexo masculino, algunos todavía agónicos. Posteriormente los cuerpos serán lanzados dentro de costales de ixtle cargados de piedras para evitar que las corrientes los lleven a flote.

Rubén Figueroa asume el poder en abril de 1975…

Resumen del libro México Armado. 1943-1981 de Laura Castellanos. Editorial ERA.

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