Arde Guerrero I

A las 10.05 horas del 22 de abril de 1968, un hombre de cara redonda y mediana estatura, moreno con bigote y copete negros, bien cuidados, sale escoltado por tres policías del consultorio dental del Centro de Salud de la ciudad de Iguala Guerrero, para ser trasladado a pie, por unas cuadras, de nuevo a prisión. Es Genaro Vázquez. Camina tenso y a la expectativa. Sabe que a unas cuadras lo espera agazapado un comando armado que intentará liberarlo. Llevaba año y medio preso. A dos cuadras del zócalo, en la esquina de Juárez y Colón, irrumpen los hombres armados… “¡Ríndanse hijos de María Morales!“, les grita de frente Roque Salgado.

Sorprendidos, los policías disparan de forma intempestiva, hieren a Salgado en el estómago, Genaro se aparta bruscamente de la escolta al tiempo que sus compañeros contraatacan por la espalda y rescatan al herido. Presurosos abordan el Chevrolet azul y emprenden la retirada. Salgado está herido de muerte. La hemorragia del tórax es profusa. Apremiante la atención médica. Andan a toda velocidad, pero a las afueras de iguala, muy cerca del puente Mocho, falla el acelerador, el carro se jalonea con violencia y los deja varados. Huyen a pie hacia el monte al tiempo que corre a noticia… el maestro Genaro Vázquez, cabeza de la Asociación Cívica Guerrerense ACG, el civicoloco que había participado visiblemente en la caída del ex gobernador Raúl Caballero Aburto, acusado de asociación delictuosa, incitación a la rebelión y homicidio, se había fugado. Lo buscan las policías urbana, judicial, rural y cientos de militares.

Consuelo Solís, esposa de Genaro: Me decía que no me desesperara, que su lucha era justa y que los beneficios se iban a ver algún día cristalizados no sólo en beneficio de mis hijos sino de todo el pueblo. Lo extrañaba mucho, Cuando nació mi segunda hija, Consuelo en octubre de 1960, él llegó de madrugada. Ella también nació de ocho meses, muy delgadita, muy enferma, por todas las carencias y los sustos que habíamos pasado.

El 31 de diciembre de 1962, la ACG, la ACG realizaba una protesta masiva en el Zócalo de Iguala contra los resultados electorales. El ejército y la

policía judicial se hicieron presentes. En algún momento las guardias blancas de los caciques cercaron a Genaro y a quemarropa le descargaron las armas. Él contraatacó con una pistola y el pueblo cubrió su retirada, lograba huir del estado.

Genaro pudo regresar a Guerrero en 1963 gracias a la intermediación con el general Cárdenas. En 1965, Genaro y Lucio hicieron trabajo político en Atoyac, a pesar de tener demandas en común, las diferencias entre ambos grupos se debían en parte a que Cabañas promovía un trabajo de organización de masas como cuadro de la Juventud Comunista, del cual Genaro tomaba distancia.

Al gobernador Abarca Alarcón no le importaba si había diferencias políticas entre ambas organizaciones, simplemente eran sus adversarios y como tales había que combatirlos. Primero, le ofreció a Genaro la presidencia municipal de Acapulco y él la rechazó. Luego los Cívicos tomaron previsiones de posibles embates en su contra y crearon el Consejo de Autodefensa del Pueblo. También intensificaron la organización de asambleas populares.

En la mira del gobernador estaba la ACG. Iban tras Genaro. Hasta que en noviembre de 1966 lo secuestraron afuera de las oficinas del Movimiento de Liberación Nacional. Fue trasladado a la cárcel de Iguala. Fue condenado a catorce años de cárcel acusado de la masacre en Iguala del 31 de diciembre de 1962.

Estuvo cerca de dos años preso. Mientras maduraba su proceso de radicalización en prisión, una tercera matanza, obligaba también a Lucio Cabañas a huir a la sierra. Cuando ocurrió la primera, en Chilpancingo en 1960, Díaz Ordaz se desempeñaba como secretario de Gobernación. Ahora era Presidente, y su vacante como operador de los asuntos de inteligencia y seguridad había quedado en manos de Echeverría, su sucesor.

Lucio, por lo menos abiertamente, no quería tomar las armas. Este hombre generoso, formal, ocurrente, enérgico con los cercanos, siempre buscaba conciliar sus propuestas.

En 1966 algunos sucesores de la guerrilla chihuahuense de Arturo Gamiz lo buscaron. Bajo el nombre de Movimiento 23 de septiembre pretendían establecer una zona de operaciones en Atoyac. Él se negó a involucrarse.

Como maestro de la escuela Modesto G. Alarcón había organizado un movimiento opositor a los abusos de la directiva del plantel. La presión del grupo de maestros liderados por Lucio logró que destituyeran a Julia Paco Piza. Sin embargo, la demanda de que también fueran retirados los profesores que la apoyaban se frustró. El 18 de mayo de 1967 el gobernador Abarca Alarcón mandó a la localidad a dieciocho agentes judiciales motorizados para asegurar el ingreso de los maestros protegidos por la ex directora. Los policías llegaron una noche antes y se apostaron en diferentes flancos dentro y fuera de la escuela.

La gente inconforme con la presencia policiaca comenzó a reunirse fuera de la primaria que daba al zocalito del pueblo. Los profesores empezaron a sacar a los niños de la escuela. Llegó el profesor Lucio. Lo empezaron a vigilar desde la escuela. Terminó y al profesor lo sacaron de la escuela un grupo de mujeres. Entró el capitán Enrique Castro Arellano y le dijo al presidente municipal: “Ya vamos a proceder!”. El saldo final fue de cinco muertos y veintisiete heridos de la población. Una de las víctimas fue una mujer con ocho meses de embarazo.

Entonces Lucio decidió tomar las armas. Creó una guerrilla que posteriormente se convirtiera en un ejército del pueblo capaz, a su vez, de integrar un partido político; proponía la necesidad de sumarse a la lucha política, pero también de crear comités armados de autodefensa. En esta primera fase su tarea fue de politización para crear lo que llamará el Partido de los Pobres (PDLP). Luego vendrá la creación de su brazo armado, la Brigada Campesina de Ajusticiamiento (BCA).

Lucio pensaba que la forma en que sumaría al pueblo a su lucha era a partir de la creación de comités de barrio vinculados al PDLP. Consideraba que el trabajo militar y el político debían ser paralelos, pero para lograrlo era indispensable “hacerse pueblo”, es decir, meterse en las entrañas de las comunidades o “barrios” para aprender de ellos, escucharlos conocer a fondo sus necesidades y amenazas, e involucrarlos en la toma de decisiones para a partir de allí hacer un trabajo en el que se vinculara con otras organizaciones de activistas.

Genaro, por su parte, seguía preso y daba a conocer desde la cárcel el documento que reestructuraba a su organización política para la lucha armada. Los cívicos iniciaban los preparativos para liberar a Genaro de la cárcel de Iguala, lo cual se concretó con éxito el 22 de abril de 1968.

En la primera reunión que Genaro realizó en El Triángulo para transformar a su agrupación en una fuerza guerrillera, planteó derrocar a la oligarquía capitalista; establecer un gobierno de coalición popular compuesto por obreros y campesinos, estudiantes e intelectuales progresistas; lograr la independencia política y económica del país e instaurar un orden social.
En 1969, después de la matanza de Tlatelolco, se da el repliegue estudiantil en el país. Comienzan a gestionarse varios grupos armados de carácter urbano cuando Lucio y Genaro, cada uno por su parte, saltan a cuadro. El gobierno responde. Se abre el más oscuro episodio del México moderno. En Coyuca de Catalán el campesino Epifanio Avilés Rojas, vinculado a la ACNR, es victima de la primera desaparición forzada registrada en el país. Da inicio a la estrategia militar contraguerrillera. Se realizan catorce campañas militares para aniquilar a ambas organizaciones subversivas.

Simultáneamente, arranca en la prensa el rosario de declaraciones de los sucesivos secretarios de la Defensa Nacional que niegan tajantes la existencia de guerrillas en el estado, mientras se hostiga y reprime a familiares de los guerrilleros. Sus acciones armadas tendrán como respuesta el secuestro y tortura de los suyos. Llevar los apellidos Cabañas Barrientos será signo de riesgo inminente en la sierra de Atoyac. Los retenes militares se apostan en todos los caminos rurales de Guerrero. El ejército intensifica su acción a través del uso de helicópteros y aviones de la policía militar y federal y se abren setenta caminos de penetración en la sierra.

1970 es un año de elecciones presidenciales. Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación señalado por la izquierda como uno de los responsables de la matanza estudiantil de 1968, opaco, obcecado, contradictorio, es elegido como el candidato oficial y realiza su actividad proselitista prometiendo una real “apertura democrática”. Echeverría gana cómodamente las elecciones cuando en 8 de los diez países de Sudamérica se instauraban dictaduras militares (a las que se acusarán de la tortura, encarcelamiento y desaparición de decenas de miles de personas).

Si bien se hará legendaria la política de Echeverría de abrir las puertas para asilar a los militantes de izquierda perseguidos por dichas dictaduras sudamericanas, al interior de México otro es su semblante. Durante su sexenio serán enviados a la Escuela de las Américas veintiocho oficiales que tomarán cursos de inteligencia militar, contrainteligencia, contrainsurreción, guerra irregular y operación de la selva, que actuarán principalmente en Guerrero.

El hombre de ojos pequeños, cara redonda y avanzada calvicie asume la presidencia en diciembre de 1970. Genaro le da la bienvenida al secuestrar el 29 de ese mes a Donaciano Luna Radilla, miembro de una de las familias mas ricas de Guerrero. La familia paga quinientos mil pesos de recate y Echeverría arremete: es secuestrado el padre de Genaro-que incluso era priista- y cincuenta campesinos más. Son trasladados al Campo Militar Numero Uno, la principal plaza militar del país que será convertida en el mayor centro clandestino de reclusión y tortura en la historia de México.

El 11 de abril Genaro realiza el que es considerado como primer secuestro político en el país. En un comunicado la ACNR asegura haber secuestrado a Agustín Bautista Cabrera por ser hijo de un cacique explotador. No hay negociación. Los parientes no entregan los 350 mil pesos exigidos por el rescate y la organización decide hacer un ajuste de cuentas. El cadáver de Bautista es encontrado diez días después. El gobierno reacciona y aumenta la presencia militar. Guerrero es el estado más militarizado del país.

Genaro daba curso al proyecto de establecer una base urbana bajo la dirección del núcleo que actuaba en la sierra. Asalta un comando de la ACNR la tienda Comercial Azteca de la colonia Aragón en la Cd. De México. El comando se había conformado con maestros y estudiantes capitalinos y guerrerenses.

En junio de 1971 Echeverría hace añicos su promesa de brindar “apertura democrática”, pues mientras en Guerrero se registran las primeras desapariciones forzadas, el día 10 es reprimida la primera marcha estudiantil que sale a las calles de la capital tras los hechos sangrientos de 1968. La marcha en apoyo a las demandas de estudiantes de la UANL es interrumpida por un nutrido grupo paramilitar conocido como los Halcones, con saldo indeterminado de muertos y heridos. Éste es el detonador definitivo que provocará la oleada más intensa y espontanea de grupos guerrilleros –la mayoría urbanos- en el país durante los siguientes dos años.

El gobierno de Echeverría parecía anticiparlos. Con asesoría sudamericana sofistican las prácticas de tortura, que ya no serán sólo golpizas o marcas con hierro candente; perfeccionan e institucionalizan las prácticas de “el pocito” y los toques eléctricos, que en general serán los utilizados contra otros grupos armados capturados.

El hostigamiento contra la esposa de Genaro se había intensificado por la ejecución del secuestrado Bautista Cabrera en Guerrero. Consuelo no duerme, llora por las noches. Angustiada, instruye a sus hijas e hijos para que si algún día son secuestrados no digan su nombre verdadero. “Cada uno escoja el que quiera, tienen que memorizarlo”, les había dicho. Sobre todo le preocupaba Genaro Vázquez Solís, de ocho años de edad, que era aún más vulnerable al llevar el nombre de su padre. El niño eligió llamarse Gabriel Fernández Ramírez. Sin embargo, a fines de junio de 1971 ocurre lo temido. La visible movilización policiaca encuentra a Genaro Vázquez Solís, junto con su prima y su novio Luis. Son trasladados a las oficinas del Servicio Secreto de Tlaxcoaque. El niño es aislado en una oficina. Pasa hambre y sed. Es liberado en la madrugada. Antes de soltarlo lo pasan a una oficina con un hombre blanco, de estatura mediana, cabello castaño, ojos intensamente azules. El pequeño no lo sabe, pero tiene enfrente a Nazar Haro, de ascendencia libanesa, cruel y perfeccionista, que habría de convertirse en el más temible jefe policiaco antiguerrillero. Luis es golpeado y liberado junto con el niño. Blanca permanece secuestrada por quince días más en las mazmorras del edificio.

Mientras tanto en el PDLP de Lucio, los comités de barrio se habían transformado en comisiones de lucha. Con su núcleo base consolidado, Lucio redacta su reglamento interno. En el Material de presos políticos de Puente Grande y Almoloya de Juarez, David Cabañas explica que entre los principios y normas más importantes estaba el de no perjudicar a los habitantes de las comunidades a través del rapto y la violación de las mujeres. Esto se castigaba con la pena de muerte. También era penado el robo y consumir bebidas embriagantes; así como la ejecución a los delatores después de haberles hecho dos advertencias previas. (continuará)

Resumen del libro México Armado. 1943-1981 de Laura Castellanos. Editorial ERA.

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One Comment on “Arde Guerrero I”

  1. Laura Castellanos says:

    Me emociona mucho ver estas líneas del libro en su blog. Estuve fuera unos meses. Sabía que El rumor del incendio terminaba su temporada en noviembre, pero un amigo me dijo que vio la obra en días pasados. Él está de viaje y no me precisa por mail en qué teatro los vio. Yo no encuentro la info de futuras presentaciones ¿Dónde se presentan? Un abrazo a Lagartinas tiradas al sol


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